Poemas

Irpehuc

En las cristalinas tendencias de mi existencia, inhalo el delicioso destino que me invita al suicidio maquiavélico del aura, levito en una ausencia centrífuga.
En tanto, mi retazo morboso canallea en un encharcado motivo injusto, que suspendido a velocidades sublimes, empaña en humor blando, con suaves quejidos, la morada universal, en cuya ala se tiende erguido el Olimpo, y en donde con graciosa esperanza Irpehuc deleita su majestuosidad, sospechando los divinos pecados de mi orgulloso cinismo.
Entonces, cuando atrevida perturbo su ocio, osado desciende, haciendo perpetua la agonía efímera de mis caprichos terrestres.
El infinito libera impetuoso, un sueño ligero, tal vez mitológico. La furia relincha, el poder casquetea, es vana la ansiedad inocente del sentido humano.
Las crines se hinchan, dos hilos dorados tiemplan con esfuerzo la encarnación divinal entre San Gabriel y Sanzón.
Con su empuje fugaz, Pegaso reitera la energía viviente de mi primavera. Mi ira se calma, y la cobardía relaja mi alevosía, me quedo dormida.

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